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El Fuerte, cantera gratis

Cincuenta años después de la destrucción del Fuerte por el ejército de Wellington, la situación de sus ruinas era de total abandono, pues aunque pertenecía al estado, los vecinos de la comarca de Argañán hicieron de sus piedras labradas una cantera cómoda y barata tomándolas para construcciones particulares. Muestra de ello es que actualmente, en el año 2.004 podemos ver en algunos lugares, casas, corrales, cortinas, etc, piedras que indudablemente eran del fuerte. En esta página mostramos  testimonio localizado por algún investigador de Aldea (¿Celina Muñoz?) en el Archivo General del Ejército de Segovia y publicado en la revista El Fuerte en el año 1.992.

LOS DENUNCIADOS

Lino Plaza, Salustiano Cepa, José Toribio, Tiburcio Muñoz; Juan Fco. Muñoz, Juan Majada, Gerónimo Vicente, Pedro García, Valentín Muñoz,  (ilegible) Vicente, Hermenegildo Muñoz, Pedro Muñoz, Claudio Vicente, Isidro Hernández, Manuel Mangas, Narciso Muñoz,  Francisco Muñoz, Domingo García, Teresa Vicente, Toribio García, Juan Muñoz, Sebastián Muñoz, Eleuterio Sánchez, Ambrosio Martínez, Fernando Ramos, Bernardino Bajo, Teodoro Muñoz, Miguel Muñoz, ilegible, Lorenzo Vicente, Guillermo Serradilla, Miguel Moreno, Ramón Sánchez, Estanislao Muñoz, Blas Galán, Manuel García, Domingo Arroyo, Romualdo Moreno, Nemesio Hernández, Gregorio del Río, Lauro Vicente, Eulogio Muñoz, Hipólito Hrenández, Isidro Plaza, Mariano Bravo, Jacinto Calderón, Ponciano Bustillo,  Domingo Sevillano, Marcos Sevillano, José Sevillano, Venancio Toribio, Andrés Muñoz, Alejo Vicente, Antonio Martínez, Santiago Vicente, Pedro Galán, Simón Hernández, Pedro Vicente, Zenón Vicente, Narciso Sánchez, Juan Miguel Martínez, Leoncio Bravo, Francisco Zamarreño, Nicolás Plaza, Felipe Sevillano, Gabriel Pacheco, Juan Francisco Gómez, Jacinto Martín, Jesús Pacheco, Felipe Zamarreño, Aniceto Zamarreño, Sebastián Hernández, ilegible, Juan Sevillano, Gabriel Pacheco, Gregorio González, Miguel Sevillano, Angel Gil, Fernando Martín, Eustaquio Agudo, José Pacheco, Anselmo Bernardo, Higinio Simón, Angel López, Antonio Cantero, Antonio Vicente, Bartolomé ilegible, Joaquín Martínez, Francisco ilegible, Faustino Calabuig, Ramón Rodríguez, Isidoro Montero, Mateo Sánchez, Juan Martín, Ambrosio Hernández, Laureano Diego.

EL RECURSO

  Los que suscriben por sí y a nombre de muchos convecinos de los pueblos del Campo de Argañán, Partido de Ciudad Rodrigo, ante el Congreso de los Señores Diputados atentamente exponen: Que por virtud de una denuncia de enemistad personal, y de causa bien pequeña, encuéntranse hoy envueltos en in procedimiento criminal, contristados y sin reposo, numerosísimos Padres de familia, en grado tal que a no ponerse término al Sumario que se forma vendrán a ser envueltos en él por cientos los sujetos.

La alarma que ya con esto cunde en el país es difícil de describir. Trátase de un procedimiento sobre abusos que ya no se duda en calificar de graves por lo mismo que se le da nombre de hurto, y sabidas son las consecuencias que imponen y los vejámenes que causan en su seguimiento las pesquisas judiciales de esta índole, que dieran en su mayoría desde un principio acordada la prisión de aquellos a quienes se trata como reos.

La opinión pública y la conciencia de los procesados está de acuerdo en desechar toda inquietud, y sin embargo los procedimientos llegan ya a producirla: despachos consecutivos y la guardia civil por último obligando a la presentación de tantos individuos a fin de prestar fianzas carcelera y pecuniaria o sufrir la prisión y embargo de bienes, producen más gastos, insoportables para muchos sujetos, pérdidas de días desatendiendo el cultivo, las artes y todas las obligaciones, y trascendentales disgustos a las familias.

Justo es que recelen más y más, y teman los sacrificios que han de soportar, de las lágrimas que han de verter si el Congreso de Señores Diputados haciéndose cargo de los hechos sobre los que versan estas diligencias no vinieran en ayuda de los exponentes dictando si fuera preciso una ley que ponga a salvo de las penas que por una apreciación rigurosa de los Códigos vigentes pudieran imponérsele.

Los hechos son por fortuna sencillísimos y de ellos no puede nacer delito alguno ni nada que rebaje la consideración que disfrutan los que principian a verse tratados como feos delicuentes.

Había en este país en la línea fronteriza a Portugal sobre la izquierda del río Agueda un Fuerte llamado de la Concepción enclavado en el término jurisdicional del Pueblo de Aldea del Obispo y dando vista al Pueblo Portugués Valdelamula. De este Fuerte no existen hace cincuenta años más que informes despojos y mutiladas ruinas abandonadas. La guerra primero y la voracidad del tiempo después, se encargaron de hacer desaparecer este monumento militar hacia una frontera extraña.

Los Franceses le volaron en 11 de Junio de 1.808, y en 1.810 acabaron de destruirlo nuestros aliados los Ingleses haciendo venir abajo en gran parte lo que había podido resistir y quedar en pie hasta entonces. Ello es que cuando el General Castaños cruzó en 1.812 por este territorio y se alojó en Aldea del Obispo, del Fuerte no existían ya casi más que escombros y materiales diseminados de que unos y otros a la ventura y sin oposición de nadie se aprovecharon. Él mismo, hoy difunto Duque de Bailén, mandó construir con piedra de aquél una chimenea que se conserva en la casa en que vivió, y la tradición mantiene vivo en la memoria de los habitantes el consejo que les diera de agrandar el Pueblo y ensanchar sus casas con los materiales dispersos por el suelo, toda vez que ya para otra cosa no servían los restos del Fuerte destruido. Así se principió hacer con efecto, y así lo toleró el Conde de España viendo que los vecinos de aquel Pueblo se apropiaron para los diferentes usos de la vida, la piedra con especialidad, que tanto abundaba y que inútil e inservible para el Estado podía ser y era de interés para los moradores de estos contornos.

Quizá aún por tan lejana época restablecida la paz y un tanto repuesta la Nación de sus prolongados sufrimientos, se pensara, tratando de reparar de alguna manera lo destruido, en reedificar, si se presentaba posible, el Fuerte, que harían necesario entonces las exigencias militares, y las medidas de una prudente previsión. Es verdad que por el año de 1.815 pasó al terreno el Coronel de Ingenieros D. Antonio Fernández, y escrupulosamente reconoció cuanto era susceptible de aprovechamiento, pero también lo es que su informe debió haber sido contrario a toda restauración, porque nada se hizo, ni nada se intentó pues que según refieren los que le oyeron calculaba en más de diez y ocho millones el costo de las obras indispensables para ponerle en estado de servir lo que fuera destruido.

Allí se albergó también desde 1.822 a 1.824 un pequeño destacamento de Inválidos, mandado retirar luego por que ni aún era bastante lo que aquellas ruinas había quedado para satisfacer a las exigencias de este servicio.

Reconociéronle después en 1.829 el Brigadier D. ramón Calvet y en 1.844 el Sr. Manso, Capitán General del distrito, sin que ni una autoridad tomara medida alguna respecto de las piedras que vieron llevar a varios vecinos del Pueblo próximo referido cuyas construcciones se habían aumentado por la facilidad de encontrarla tan cerca, así como los del fronterizo Portugal.

Estos reconocimientos se repitieron en 1.845 1.851 por los Ingenieros Otermi y Avello respectivamente sin que desde entonces con especialidad pudiera abrigarse otra idea  que la que el Estado había abandonado por entero todo pensamiento ulterior y toda idea de reedificación o de dominio.

Los Carabineros construyeron las casetas que tienen por aquella parte de la frontera con la piedra del Fuerte, y todos buscaban y ninguno lo estorbaba cuando para sus construcciones la había menester.

Y tanto era así y con tal razón estaba esto en la conciencia de todos que cuando se quiso denunciar a algún particular por hechos de esta clase, la denuncia no fue estimada y la absolución pública y solemne siguió al rumor de haberse impedido la extracción de la piedra. Aconteció en prueba de ello, que fue aprehendido por los Carabineros, porteándola Pedro Duque al cual condujeron preso ante el Sr. Gobernador de la Plaza de Ciudad Rodrigo, mas éste, conocidos los antecedentes del asunto puso libre y restituyó el carro de materiales al Pedro Duque, y arrestó por el contrario a los Carabineros por haberle detenido y puesto preso sin motivo.

Pero los exponentes afirman y protestan que no ha habido pensamiento de defraudación ni la menor idea de mirar como ajeno lo que se tomara, que ha sido continuamente visto y consentido por las Autoridades, que lo mismo que lo hicieron unos lo efectuó igualmente la generación que ya desaparece y, por tanto, el Congreso de Señores Diputados podrá acceder, al prestar su protección a tantas familias desconsoladas, a concederles un apoyo más pronto ravalidando la usucupación y propiedad como se ha hecho respecto de los terrenos que por sí y ante sí, durante la misma época, se han repartido los más de los Pueblos, pues que del mismo modo consideraba este País, y más particularmente el Pueblo de Aldea del Obispo, como suyos los restos del Fuerte de la Concepción y disponían de ellos (como otros pueblos de esta provincia han dispuesto a su albedrío de los materiales de los suyos) siquiera un resarcimiento de los vejámenes que les ocasionara su construcción.

Así también se pondría coto a los malévolos deseos del denunciador que por ejercer mezquinas venganzas y dar desahogo a resentimientos personales no dudó en alterar la paz de toda una comarca y en sumir en duelo y en desolación a tantos de sus convecinos cuyas lágrimas turbarán un día su agitada conciencia. Ese mismo que cubierto con el disfraz de un celo exagerado, denunció los que suponía graves abusos, toleró ya autoridad los de sus parientes y amigos, hasta que motivos especiales y sin duda infundados, le impulsaron acaso sin medir la trascendencia de su acción a obrar como lo verificó.

El Tribunal militar de la Plaza de Ciudad Rodrigo y el Superior de la Capitanía General de Valladolid no habrán podido menos de acoger por de pronto la denuncia y de instruir las primeras diligencias criminales, aunque obren en la persuasión de que son inculpables o inocentes los mismos que por el momento tienen que ser tratados como reos, y no cejarán en su encargo y en el ejercicio de la misión que sus destinos les confieren. Empero, ¿qué causa nueva y poderosa ha podido dar importancia y carácter de delito a hechos más sencillos que los vistos y consentidos en tantos años? Con tan inesperada novedad, y apremiante motivo los exponentes

SUPLICAN encarecidamente a los Señores Diputados de la Nación que tomando en consideración lo ya expuesto y la tristísima situación en que muchas familias se encuentran colocadas cuando los hechos ahora denunciados los reputaban lícitos y antes que ellos sus mayores, y a la vez que unos y otros las Autoridades que reconocieron y las que tenían bajo su administración el referido Fuerte de la Concepción que jamás impidieron apropiar y transportar su piedra para dentro y fuera del Reino, se digne declarar que no ha lugar a ningún género de procedimiento, y se sobresea lo actuado devolviendo su libertad personal y la de sus bienes a los ya procesados.

Con un acuerdo tan justo el Congreso habrá proporcionado un señalado favor a la Agricultura, a las artes, al comercio de este País, y muy señaladamente a la multitud de Ciudadanos y a sus familias que por más que fíen en su conciencia y en su rectitud de los que están encargados de aplicar las leyes, temen no obstante a las consecuencias de una encausación prolongada y a las ritualidades de un juicio cuyo término por su complicación no se alcanza habiendo visto ser denunciadas piedras que no eran del Fuerte, y otras que aún siéndolo estaban ya en el sitio que ocupan cuando su actual poseedor adquiriera la finca.

Dígnese el Congreso acoger con vivo interés los votos de los Suplicantes, que ruegan al Cielo guarde muchos años la vida de los Señores Diputados para bien de la Nación.

Campo de Argañán a diez y siete de diciembre de mil ochocientos sesenta.